Por Caridad de las M. Reyes Reyesfidel

Cuando a un pueblo le nace un líder es como cuando en el cielo nace una estrella. A Cuba el 13 de agosto de 1926 le nació una súper nova, de esas con una luz tan brillante que nadie puede ignorarla y nos ha servido de faro hasta nuestros días.

Le llaman Fidel. Cuando habla con la gente en la calle la conversación recobra la expresividad y franqueza cruda de los afectos reales. Lo rodean, lo tutean con una conexión inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano insólito, con el resplandor de su imagen.

Este es el Fidel Castro que conocemos los cubanos: un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educación formal ¨a la antigua¨ donde se actualiza la herencia de los mejores maestros con palabras cautelosas y modales tenues. Incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.

Es difícil describirlo o sintetizar su historia. Rechaza el elogio y siempre ha dicho preferir más que ninguna la frase del Apóstol de que ¨Toda la gloria del mundo cabe en una grano de maiz.¨

Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.

Así es de grande nuestro Fidel por eso cada 13 de Agosto los mineños celebramos la dicha de tenerlo entre nosotros, con esa luz que no se apagará nunca.

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