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Brigadier Julio Sanguily

Por Caridad de las Mercedes Reyes Reyes.

El Brigadier Julio Sanguily estaba inválido como resultado de las heridas recibidas en numerosas batallas. Pero, una lesión como esta no era impedimento que lo frenara, se hacía amarrar a la montura de su caballo y semejaba un poderoso centauro cuando acudía al combate. A fuerza de bravura y coraje ganó reconocimiento y aprecio del Mayor General Ignacio Agramonte y Loynas.

El 8 de octubre de 1871 ya ocupaba el puesto de Jefe de la caballería del Camagüey y solicitó permiso a Agramonte para ir al cercano rancho de Cirila López para que le lavaran la ropa. El Mayor, lo autorizó, pero advirtiéndole que “el día menos pensado caería en manos de los españoles debido a sus audacias”.

Ya en el rancho de Cirila, Sanguily se cubría con una manta mientras le lavaban la ropa, cuando fue sorprendido por una columna española. Sagazmente ordenó a las mujeres internarse en el monte. Al ser arrestado se identificó con viril franqueza “Pertenezco al estado Mayor del Mayor General Agramonte, soy el Brigadier Julio Sanguily”

Con tan ilustre prisionero, los españoles decidieron regresar a marcha forzada con sus 120 soldados a Puerto Príncipe. Mientras tanto el ayudante de Sanguily que logró escapar del rancho informó a Agramonte de lo sucedido.

El Bayardo de la Revolución se dirigió a sus 70 soldados y pidió 35 voluntarios diciendo: “Todo el que esté dispuesto a rescatarlo o morir, que dé un paso al frente”

Montado en su caballo, Agramonte llamó a sus jinetes, todos lo miraron: Tenía 30 años, era delgado, esbelto y medía 6 pies de altura. Su rostro reflejaba lo recio del carácter. Su caballería, la mejor del ejército libertador. Aquellos hombres; no titubearon.

El Comandante Henry Reeve y el Capitán Francisco Palomino descubrieron la caravana española en un pozo situado en la finca “La Esperanza” y lo notificaron a Agramonte, este, a la vista del enemigo, desenvainó su sable y advirtió a su tropa: “Compañeros, en aquella columna enemiga va preso el General Sanguily y hay que rescatarlo vivo o muerto o quedar todos en la demanda” y rugió “Corneta, Toque a Degüello”

Un torrente fulminante calló sobre la numerosa y bien armada tropa andaluza, el Sargento que custodiaba a Sanguily, lo derribó del caballo y a corta distancia le hizo un disparo hiriéndole una mano, pero antes que lograra matarlo murió de un sablazo. Sanguily que estaba vestido con ropa de los insurrectos logró salvar su vida en la confusión gritando fuertemente ¡Viva Cuba!

Los españoles fueron derrotados y huyeron.

Agramonte abrazó a Sanguily y dijo a sus valientes soldados “Vuestros nombres, después de este hecho glorioso, figuraran en la historia de nuestras guerras como símbolo de arrojo y valor”

El rescate de Sanguily se considera uno de los episodios más extraordinarios de la Guerra de los Diez Años. Así recordamos y veneramos los mineños, a 144 años del hecho, la bravura de aquellos patriotas.

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