corredor_biológicoNicasio Viña, director de la Oficina del Corredor Biológico en el Caribe (CBC), ponderó aquí los retos para la conservación de la diversidad biológica en el Caribe insular, que conciernen a autoridades y habitantes.

Durante una conferencia en el Salón de las Ciencias, cuya exposición central se dedica al Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (BIOECO), el académico enfatizó en las condicionantes económicas y sociales, junto a la voluntad política de los gobiernos, como premisas significativas en ese análisis.

Viña destacó las riquezas naturales y las particularidades de esa región, con una alta densidad demográfica, solo superada por grandes países como China e India, a lo cual se suma la complejidad de bajos índices de desarrollo y una fuerte presión humana sobre los recursos para la sobrevivencia.

Puso el ejemplo de Haití, donde a pesar de desfavorables situaciones medioambientales hay muchos tesoros aún por preservar en medio de la biodiversidad que comparten los pueblos caribeños de la insularidad.

Señaló a la pobreza como hándicap en los empeños conservacionistas y aludió a la esquemática matriz con que se identifica a la región como espacio de disfrute, sol, playas y palmeras, y otros placeres, cuando la realidad la trasciende por tratarse de un reservorio en el cual anida en parte el futuro del planeta.

Se refirió el científico al notable endemismo de la flora y la fauna en la zona, distinguida también por tener corredores migratorios de aves, uno de ellos situado en el área de Punta Cana, enclave turístico de República Dominicana muy conocido mundialmente pero no precisamente por esa virtud ecológica.

La necesidad de la integración regional para enfrentar el imperativo de la preservación fue explicada por Viña, quien apuntó que en ocasiones las fronteras geográficas entre países dificultan la acción común para proteger determinadas especies que son patrimonio compartido.

Tomado de CadenaAgramonte

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