conferencia-prensa-bruno-kerry (5)Un año después del 17 de diciembre de 2014, muchos cubanos cuentan en sus tertulias familiares la anécdota de lo que estaban haciendo el día que los presidentes Raúl Castro, de Cuba, y Barack Obama, de EEUU, anunciaron el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre ambas naciones, que por más de 50 años habían mantenido distensiones a pesar de la vecindad geográfica.

La fecha ya tenía un simbolismo para los creyentes de la Isla, quienes se dedicaban a sus rituales para adorar a San Lázaro (para los católicos) también llamado Babalú-ayé (en el panteón sincrético cubano).

Ahora, para muchos, se trata de un día histórico, cuya imagen imperecedera será la de los héroes antiterroristas Antonio Guerrero, Gerardo Hernández y Ramón Labañino, descendiendo por la escalerilla de un avión que, por fin, los traía adonde nunca debieron ser extrañados por tanto tiempo.

Aquel 17 de diciembre una señora de unos sesenta años que estaba sentada a mi lado, en el salón de espera de los vuelos nacionales en el aeropuerto José Martí, de La Habana, cuando los vio, salió corriendo gritando: “¡Volvieron, volvieron!”, mientras otros que pretendíamos ser más “hombrecitos” mirábamos por la ventana o nos poníamos las gafas para que no se nos vieran los ojos aguados por la emoción.

Cuando, finalmente, estuve en el avión y vi a mi país desde la altura, me sentí orgulloso por la victoria que como pueblo habíamos alcanzado, pero al mismo tiempo tuve cierta incertidumbre por la nueva etapa que comenzaba, más compleja y contradictoria, porque se abría ante nuestros ojos un teatro de operaciones de estrategias más solapadas y persuasivas.

La guerra de declaraciones que vino después: hitos como  la apertura de las embajadas en La Habana y Washington, el encuentro de más alto nivel en Panamá durante la Cumbre de las Américas o los resultados de las más recientes votaciones contra el bloqueo en la ONU; lo confirmó. Aunque las banderas de ambos países ondean en sus sedes diplomáticas, aún falta mucho para que tengan todo el viento a favor.

Quizás las palabras que mejor me ayudaron a comprender el proceso fueron las que pronunció en la Asamblea General de la ONU el presidente de Ecuador Rafael Correa, cuando lamentó que el cambio de política de Washington hacia La Habana no respondía al reconocimiento de los logros de la Isla caribeña, sino a un cambio en la estrategia para obtener los mismos objetivos injerencistas de destruir el proyecto social cubano.

Ahí quedan inamovibles los millones de dólares para programas subversivos, la ley de ajuste cubano, la ocupación de la base naval de Guantánamo y ese gigantesco dinosaurio político que es el bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba.

A pesar de ello se trata de una relación de vecindad con muchas potencialidades en áreas como: la economía, la cultura, la ciencia, el medio ambiente, el deporte, la salud, la prevención de desastres y la lucha contra las drogas.

Además, existe una historia de intercambios culturales que se remonta a la formación de la nacionalidad de ambos pueblos. Hubo mambises norteamericanos y algo tan arraigado en nuestra idiosincrasia, como el béisbol, nos llegó precisamente desde el otro lado del Estrecho de La Florida. Más de un millón de cubanos viven en los EEUU y de acuerdo con varias encuestadoras, alrededor de la mitad se opone a la beligerancia contra la tierra que los vio nacer y en la que están sus seres queridos y sus muertos.

Convivir es posible y hasta necesario, en un mundo globalizado e interconectado; pero sobre la base del respeto a la autodeterminación y soberanía de los Estados.

Un año después del 17 de diciembre de 2014 ya se advierten en las calles cubanas los preparativos para las fiestas de fin de año. En el paisaje urbano confluyen cuentapropistas, turistas despistados que fotografían un Cadillac del 57 con un motor de Lada y gente sencilla que espera la oportunidad de construir su proyecto de país sin intromisiones.

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