medicos 2Por Caridad de las Mercedes Reyes Reyes.

Cuando el joven galeno entra por la puerta del policlínico de Minas, con su bata blanca impecable y una sonrisa perenne en sus labios, muchos de los pacientes que esperan su turno en el salón del cuerpo de guardia, acuden a él y retrasan su entrada en el local. Ariel atiende con paciencia una por una todas sus solicitudes.

Con ojos interesados y gesto preocupado, así como palabras suaves y convincentes, les transmite confianza y tranquilidad. En un momento todos vuelven a sus asientos y el novel médico se alista a practicar lo que mejor sabe hacer en el mundo: Atender la salud de sus pacientes.

Con agilidad asombrosa que no atenta contra la calidad del servicio, cada enfermo sale diagnosticado y recetado, pero sobre todo, satisfecho y complacido. Se despiden con efusivos saludos y abrazos.

Ariel es el médico del área de salud del Consejo Popular la América, una pequeña localidad bien alejada del centro urbano mineño. Para llegar allí cada día, antes que el sol, debe sortear muchos obstáculos como la falta de transporte y un trayecto a pie por terraplenes intransitables. Pero nada de esto lo frena. Su consultorio aun no reúne las condiciones necesarias para la permanencia, sin embargo, allí esta él desde la mañana y hasta la tarde, asistiendo las dolencias de los pobladores.

Cuando llega a su casa, la noche pliega sus primeras cortinas. La esposa y su pequeña lo esperan ansiosas. Pero la tarea de ejercer los estudios que cursó por vocación no termina. Se despoja de su inmaculada bata pero no de su conciencia. Sin perturbar la expresión nítida de su rostro recibe los pacientes que acuden a aclarar dudas o coordinar una consulta en el centro asistencial.

Los días del joven galeno son largos y fatigosos pero, sin duda alguna, me atrevería a asegurar que los disfruta, porque ama su profesión y la estudió conciente del sacrificio que requiere. Médicos como él son los que nos enorgullecen cuando les toca el momento de cumplir con el deber de la solidaridad en países hermanos. Se hacen querer aquí y donde quiera que lleguen y, sobre todas las cosas, ponen bien en el alto la idiosincrasia servicial del cubano, el nombre de esta isla y del proceso revolucionario que los formó.

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