Emilio Duanes Dubalcer.

Por Caridad de las M. Reyes Reyes.

Sonó el teléfono. Una voz femenina hizo el reporte de sintonía acompañado de la solicitud de felicitación que causó el asombro de todos en la Cabina y el Informativo de nuestra emisora mineña. Y no fue para menos, la oyente pidió el agasajo para Emilio Duanes Dubalcer, habitante de Minas, que nada más y nada menos, estaba cumpliendo este 10 de mayo 115 primaveras.

De inmediato me alisté para hacerle cobertura al suceso, pues hace solo unos días había leído en Internet sobre el premio Guinness concedido actualmente al hombre más longevo del mundo, que solo cuenta con 112 años. Sin dudas Emilio lo supera y consideré justo no dejarle en el anonimato.

Viajé en mi bicicleta hasta las inmediaciones de ¨ la Clarita ¨, lugar muy conocido por los pobladores de Minas y donde me indicaron que vive hace ya algunas décadas el objetivo de mi interesante entrevista.

Psicológicamente fui preparada para encontrarme un anciano al que seguramente solo conseguiría sacarle una foto, el resto de la información la obtendría de la familia. Pero mi sorpresa sobrepasó los límites. En la puerta de la vivienda donde claramente se sentía la música del festejo, me recibió un abuelo alto, delgado y gallardo, acompañado de un bastón que parecía solo usarlo para darse un toque elegante. Me saludó con ojos brillantes y una expresión sonriente y agradable.

Cuando intenté solicitarle la presencia del homenajeado, al instante acudieron varios familiares en mi ayuda.

-No, no, no pasó nada, solo que ya no oye bien y necesita que se le hable alto para lograr una buena comunicación- Me indicaron.

Quedé admirada. Este ancestral varón, rebosante de amabilidad, me concedió una entrevista. Con veterana voz y en un castellano, mezclado con palabras y acento inglés, me contó que nació en Ocap, Haiti. Es el menor de cinco hermanos. Arribó a Cuba cuando apenas contaba con nueve años, en compañía de una tía, en las primeras décadas del siglo XX y después de la Revolución Haitiana, cuando miles de sus coterráneos emigraron a nuestra isla incentivados por el auge de la industria azucarera que acontecía en ese momento y que demandaba mano de obra.

Con la Ley No 23, del 10 de enero de 1913, se legalizaron las múltiples entradas al país de decenas de miles de braceros antillanos que anteriormente hacían las compañías estadounidenses a través de sus propios barcos y puertos. Pero Emilio debió enfrentar otros problemas. La muerte inesperada de su tutora y única familia aquí, agudizó el resto de los problemas, como el riesgo de poder insertarse o no en el lugar receptor. Se halló por primera vez frente a un paisaje cultural desconocido; el conjunto formado por el ingenio o central azucarero, el batey y su territorio cultivado, pero también las diferencias idiomáticas.

La familia Martínez del Toro en San Germán, Holguín, lo acogió como solo sabemos hacerlo los isleños de la Mayor de las Antillas. Suplió sus necesidades educativas y filiales, a la par de sustentarle, hacerle hombre de bien e inculcarle el amor a la tierra.

Emilio tuvo la suerte de trabajar en Birán en los años 1939 y 1940, lugar simbólico y emblemático para los cubanos. Allí vio parte de la infancia de Fidel y Raúl Castro, principales figuras del proceso revolucionario cubano.

Unos pocos años después conoció a Carmen Dominga Vielza Caboverde, con quien contrajo matrimonio y sería la madre de sus 14 hijos. Militando en las clases más empobrecidas, con mucho sacrificio adquirió una pequeña parcela y a fuerza de tenacidad la hizo producir para mantener a su familia. El triunfo revolucionario cubano de 1959 vino a poner fin a sus vicisitudes, se sumó al proceso social que dignificó a cada habitante del verde caimán.

En 1999 cambió su residencia a la provincia Camagüey, y plantó cimientos en el municipio  Minas. Hoy lo encontramos con 115 años, actualizado sobre el acontecer nacional e internacional y firme en sus convicciones revolucionarias.

 

Salí de su casa decidida a plasmar el nombre de Emilio Duanes Dubalcer en la página de Internet de los Guinness, – Sin dudas le será concedido el merecido premio, pensé. Pero me llevé una gran frustración cuando intentaba llenar el cuestionario con sus datos. Cuba no aparece entre los países que pueden hacer las solicitudes para sus candidatos.

Por un momento me sentí triste, pero de inmediato recordé las sabias palabras de este ancestral abuelo cuando me reveló el secreto de una larga vida: – “Vivir tranquilo, (Recalcó) con tranquilidad (Algo que indudablemente no le falta en Cuba), con una familia (como la que él cultivó) que le atienda y teniendo siempre presente la máxima de un proverbio tan conocido por todos en el país que abraza la bandera de la estrella solitaria, donde la solidaridad es convicción y que dice: Haz bien sin mirar a quién”.