fidelPor Caridad de las Mercedes Reyes Reyes.

Luego de la muerte cansarse de buscar a Francisca y no encontrarla, decidió cambiar su objetivo. Llamó su atención aquel varón nacido en Birán un 13 de agosto de 1926, que desafiándola muchas veces hizo triunfar una revolución socialista en las narices de sus enemigos. Su nombre era fácil de memorizar y deshacerse de él solo era cuestión de atraparlo desprevenido en alguno de los lugares a los que lo llevaba su arrojo y entrega a ideales altruistas.

Comenzó la búsqueda la portadora de la guadaña por las lomas de la Sierra Maestra y topándose con un guajiro a caballo le hizo la elaborada pregunta.

– Heyyy buen hombre, ­¿Usted conoce a Fidel Castro?

El guajiro detuvo la bestia con un ligero halón  de las riendas y la miró extrañado. Sin vacilar respondió

– Claro mijita, quién tú crees que formó un batallón de alfabetizadores niños y jóvenes para llevar las letras a estos intrincados lugares, ah y el que soñó y cumplió con una reforma agraria para que las tierras fueran de los campesinos, ah y el que…

-Ya ya ya, ya sé – Replicó la muerte – En realidad lo que quiero saber es si anda por aquí

-Ah sí, ahorita mismo estuvo, pero viene a cada momento que lo necesitamos y también cuando se le ocurre un proyecto nuevo para nuestro beneficio y …

-Bueno ya, entonces lo busco yo misma, gracias.

Partió la pelona peinando cada trillo de la Sierra y donde quiera que llegaba le decían lo mismo. Aburrida de indagar en el campo se montó en un tren y fue a dar a la ciudad.

Caminando y caminando vio una lustrosa instalación llena de ancianos, al momento se le ocurrió una de sus maléficas ideas. Llena de dicha entró y les preguntó

– Abuelitos, ¿Ustedes conocen a Fidel Castro?

Al instante uno de los longevos respondió – Si, si. Esta silla de ruedas no me costó nada por él.

Otra abuelita dijo – Y yo estoy aquí, donde tengo cama, ropa, comida y medicinas, gracias a él y…

-¡Bueno ya! Objetó la muerte mirando a todas partes – ¿Y esto qué es aquí?

– ¡Un Hogar de Ancianos!- Respondieron diáfanos todos a la vez.

La huesuda salió como el perro que tumbó la olla, se sentó en un parque y vio a un joven que leía un libro, sutilmente se le acercó y le susurró:

– Joven, ¿Usted conoce a Fidel Castro?

– Por supuesto – Respondió activo el muchacho, – La semana pasada dio una conferencia sobre el cuidado del medio ambiente en el aula magna de la Universidad. Gracias a él, mis estudios y los de todos los profesionales cubanos son gratis. Tengo acceso a las computadoras sin tener que pagarlas. ¡Ese hombre sueña en grande…!

– ¡Ñooooo chico, como tú hablas!. Yo solo quería saber si andaba por aquí.

– Ah sí, él está en todas partes de este caimán verde y no se le escapa una…

La muerte se paró indispuesta, con paso largo y un refunfuñó entre dientes caminó sin rumbos un buen rato. De pronto se detuvo frente a una escuela donde ondeaba una hermosa bandera y muchos niños formaban filas en la plaza. Los ojos le brillaron, -Estos pequeñines con tanta inocencia seguramente le revelarían donde encontrar al hombre de su angustiosa búsqueda. -Pensó

Se aproximó con sutileza, estiró el brazo y atrapó a uno, pero al instante todos le cayeron encima y se vio tan asfixiada que comenzó a gritar

– ¡Suéltenme, suéltenme!

Entre carcajadas los niños la rodearon

– ¿Quién eres?, ¿qué buscas?

Temerosa y desconfiada solo atinó a decir :

– A Fidel…

– Jajaja afloraron nuevamente las risas jajaja – ¿Qué tú no conoces a Fidel?

¡Que bochorno! – ¡Noooo!- Gritó, – ¡Es que lo estoy buscando!

Ceremoniosamente una pequeña con motonetas se abrió paso y ante el silencio de todos la interrogó.

– ¿Ese Fidel es el que le dio a Nemecia sus zapaticos blancos en Girón?

– Sí .

– ¿Ese Fidel que tú buscas es el que quiso que todos los niños en cuba tuviéramos derechos y fuéramos protegidos?

– Sí.

– ¿Ese es el Fidel que puso la presencia de los cubanos hasta en el cosmos?

– ¿El que cree firmemente en el poder de las ideas y batalla con ellas por un mundo en paz y sostenible…?

La muerte avergonzada gateó hasta salir del ruedo de niños que la miraban atónitos. La frustración la invadió. A Fidel Castro todos le conocen, hasta los niños hablan de él con admiración, está en todas partes y ella no lograba encontrarlo. De pronto ante sus pies se deslizó una hoja de periódico que volaba con el viento, tenía fecha de ese propio día y un titular en letras rojas bien grandes que decía: “90 CUMPLEAÑOS DE FIDEL CASTRO CELEBRAN LOS CUBANOS CON GRAN JUBILO”

Tropezó, se le cayó la guadaña por una alcantarilla y la capucha negra que le cubría la cabeza se la llevó una ráfaga de aire caliente veraniego. Quedó tendida en plena calle. Cuando ya el desconsuelo y la rabia de la impotencia la invadían y estaba a punto de darle una perreta, sintió una mano que la levantaba y una voz dulce diciéndole –  Señora, qué hace así tan descuidada. En este país Fidel ha luchado mucho para darle valor al ser humano…

Con gesto despótico le dio un tirón al brazo y se soltó replicando – ¿Y usted quién es para decirme a mí cómo debo andar…?

– Ah pues, yo soy una cubana como cualquier otra, que tiene la libertad de andar por estas calles y decir con seguridad “Yo conozco a Fidel, él es mi amigo, como lo es de todos los cubanos, a su lado luchamos cada día por un mundo mejor y hoy estamos celebrando su cumpleaños”.

– Ah sí, no me digas. ¿Y cómo te llama él, si tú dices que eres su amiga?

– Simplemente por mi nombre, Francisca.