En la foto el licenciado en Higiene y Epidemiología Armando Díaz Pérez

En la foto el licenciado en Higiene y Epidemiología Armando Díaz Pérez

“Los resultados obtenidos nos obligan a sostener un conjunto de acciones para continuar reduciendo las condiciones que favorecen la infestación; no podemos retroceder, sino consolidar lo logrado en evitación del daño que estas enfermedades provocan a la salud de nuestro pueblo”.

Las palabras del General de Ejército Raúl Castro Ruz, al concluir la última sesión ordinaria de la Asamblea Nacional, deberán convertirse en acicate no solo para las autoridades y personal de la salud, sino para todos los cubanos, de cuya acción depende en gran medida que el mosquito Aedes aegypti no entre en sus casas con la carga de peligro que representa para el ser humano.

Hasta el momento se evalúa como favorable el cumplimiento en sus dos etapas del plan de prevención y enfrentamiento a las enfermedades transmitidas por ese vector entre ellas dengue, chikungunya, zika y fiebre amarilla.

Solo a partir de la disminución del índice de infestación de mosquitos es posible controlar los brotes que se producen en las comunidades y por consiguiente del contagio de las personas.

Los meses de verano, con el intenso calor y las constantes lluvias, son más propicios para la reproducción en condiciones naturales de este tipo de insecto, por lo que es preciso cerrar todas las brechas de entrada a los hogares y centros de trabajo.

En este batallar, mucho tiene que ver la salud ambiental con la de la población. Es evidente que en una ciudad limpia es más difícil la reproducción del mosquito Aedes aegypti y de otros propagadores de enfermedades, que en otra donde abunden los vertederos, la acumulación de desechos, el agua estancada, la cría indebida de animales.

La responsabilidad para mantener adecuadas condiciones es compartida entre organismos del Estado y la comunidad. Si a las empresas de Servicios Comunales les corresponde la recogida de basura y la limpieza de las calles y avenidas, a otra le toca destupir los tragantes para que la lluvia no se acumule, mientras a los vecinos y trabajadores mantener la higiene dentro y fuera del hogar, del centro de estudios o laborales.

Cada cubano debe exigir porque se cumplan las labores de la campaña antivectorial. Foto: Vicente Brito
Cada cubano debe exigir porque se cumplan las labores de la campaña antivectorial. Foto: Vicente Brito

 

También hay medidas que dictan los organismos de salud que debemos cumplir al pie de la letra. Merecen atención y respeto los hombres y mujeres que se involucran en la campaña antivectorial y llegan a su puerta a cualquier hora del día para hacer la fumigación; hay que exigir que esta labor se realice de forma sistemática en las zonas indicadas y que cada vecino abra su puerta a dicho servicio, pues poco ganamos cuando en una cuadra se queden hogares sin ese tratamiento.

Las administraciones son tan responsables en la realización del examen autofocal como los moradores de cada vivienda; igual sucede con la limpieza de los exteriores de los locales y de los edificios multifamiliares. Ahora la población tiene la garantía del Bactivec en las farmacias, un biolarvicida de acción rápida que corta la vida de diversas especies de mosquitos en su estadio larval.

El mayor éxito en este desempeño será que la población incorpore a su estilo de vida conductas protectoras que ayuden a disminuir el riesgo de que el mosquito se desarrolle, surjan enfermedades y, como consecuencia, se genere una epidemia. Cuba ha demostrado que es posible controlar cualquier situación que aparezca en su geografía.

Tomado de Trabajadores