img_20160917_190022Por Caridad de las Mercedes Reyes Reyes.

Un karateka pregunta a su Sensei: ¿Cuál es la diferencia entre un hombre del Dō (“filosofía de vida”) y un hombre insignificante?

El Sensei respondió: “Cuando el hombre insignificante recibe el cinturón negro primer Dan, corre rápidamente a su casa gritando a todos el hecho. Después de recibir su segundo Dan, escala el techo de su casa, y lo grita a todos. Al obtener el tercer Dan, recorrerá la ciudad contándoselo a cuantas personas encuentre.”

El Sensei continuó: “Un hombre del “Do” que recibe su primer Dan, inclinará su cabeza en señal de gratitud; después de recibir su segundo Dan, inclinará su cabeza y sus hombros; y al llegar al tercer Dan, se inclinará hasta la cintura, y en la calle, caminará junto a la pared, para pasar desapercibido. Cuanto más grande sea la experiencia, habilidad y potencia, mayor será también su prudencia y humildad“.

La parábola anterior ilustra principios humanos que hacen detener la vista de los transeúntes que habitualmente pasan cada tarde frente al Pre Universitario Salvador Cisneros Betancourt en Minas. Observan diferentes grupos de personas con kimonos blancos, ejecutando movimientos uniformes semejantes a una danza en la plaza de este centro.

“Hace aproximadamente nueve años que entrenamos Karate aquí. En el mundo entero existen más de cien estilos de este deporte, pero específicamente nosotros practicamos el Shotokan con un grupo heterogéneo formado por niños y adultos” explicó el Maestro Andrés David Hernández Portales, tercer Dan Superior del arte marcial en nuestro territorio.

“Podemos decir que la disciplina está en fase de evolución positiva en la norteña localidad y cuanto más conocen las personas sobre su significado, importancia y beneficios, aumenta el numero de alumnos que la practican”.

“El Karate enseñado de forma progresiva, y debidamente planificado, conlleva a la obtención de una actitud consciente, reflexiva y respetuosa. Desarrolla además la concentración, el auto control, y la confianza en uno mismo. Pone el cuerpo en forma y mejora la coordinación. Aumenta la fuerza y la flexibilidad, enseña a respetar a los compañeros y a trabajar en equipo y con humildad”.

Acerca del desarrollo de la destreza en el terruño mineño, Hernández Portales refirió que se imparten cursos que gozan de gran acogida. Han participado en competencias y seminarios por invitación de la Federación Provincial, donde obtuvieron resultados satisfactorios.

En cada clase se recita el código de normas de conducta. Los niños y las niñas a los que les guste este arte marcial deben comenzar a practicarlo en una edad temprana, especialmente en la adolescencia, lo que les ayudará a concentrarse mejor a la hora de estudiar, optimizando la toma de decisiones, y a tener una buena disciplina respetando a sus compañeros, y superiores.

En el adulto, la práctica proporciona una mejor calidad de vida, preparándole para la vejez, y un espacio donde reflexionar y desarrollar aún más, su inteligencia emocional.

A pesar de que al karate es visto por algunos como el golpeo con manos y pies, Minas aprovecha al máximo sus valores éticos, buscando aplicar principios filosóficos a la vida diaria, para beneficio del individuo, y la sociedad.

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