fidelestrellaPor Caridad de las Mercedes Reyes Reyes.

Amaneceres tristes en Minas, Camagüey, Cuba.

Flores. Rosas parlantes que brotan del pecho de los hombres buenos, y son la envidia de los desleales. Actas para despedir una estrella. No cualquier estrella, una SUPERNOVA.

Pero su luz es refulgente. Ninguna oscuridad puede detenerla o apagarla. Viaja. Viajará eternamente en el tiempo, alcanzando;  permaneciendo en los corazones sensibles de quienes le han puesto como faro y guía en su camino, este camino de lucha perpetúa y constante contra la desigualdad, contra poderes hegemónicos, contra la  destrucción del medio ambiente, contra todo acto inhumano y genocida.

Este camino en pos de la hermandad de los pueblos, la solidaridad, la paz de los humildes y para los humildes.

Un batallón de pueblo se compacta frente a las puertas dispuestas para decir adiós a la materia, a la condición física; para decir: bienvenido a la eternidad, a la honra, a la gloria.

Las banderas le han prestado el azul de sus franjas al cielo. Hondean con un viento leve que trae el sublime acorde de una constelación que nos pertenece: NUESTROS HERÓES. Ellos le esperan en la tranquila gratitud de este pueblo.

Una lágrima nace en los ojos de un niño, trae ofrendas en sus manos; el manantial se multiplica: mujeres, hombres, jóvenes, ancianos, una nostalgia transformada en profunda convicción de continuidad.

Impotente la muerte, solo llevará su cuerpo. Él se queda. ¡Fidel Castro Ruz es nuestro!, del mundo entero, de los pobres de la tierra y por siempre estará con nosotros.