imga0337Por Leonardo González Lamas.    

Nuestro territorio cuenta con personas que pasan inadvertidas para algunos, pero su pasado está lleno de anécdotas interesantes. Estas vivencias fueron aportes significativos en la historia revolucionaria. Eduardo Ramírez Céspedes, combatiente e internacionalista, desde joven estuvo vinculado a la lucha revolucionaria en nuestro país:

“Cuando estaba en la enseñanza superior pertenecí a la dirigencia estudiantil de la escuela. Mi madre era miembro activo del movimiento 26 de Julio y no quería que mis hermanos y yo supiéramos de las actividades del movimiento, pero con todo el fervor revolucionario de la época fue imposible no participar. Entonces cooperábamos juntos y hacíamos un poquito cada uno”

En algún que otro momento sufrió persecución por los militares de Batista:

“Un día cuando salía de la barbería en el año 1958, a un sargento de apellido Goyo le dijeron que yo era uno de los muchachos revoltosos. Me dijo: “Oye, soquete”,  me tomó por el costado de la camisa y me lanzó al suelo. Entonces le dijo a otro policía que andaba con él: “llévate al bobo este para la estación de policía” En el trayecto, el policía me soltó; quizás para no tener que trabajar, porque muchos policías querían cobrar salario pero sin hacer nada”

De las tres veces que sostuvo la mano del comandante, rememora su primer encuentro cuando estudió en La Habana idioma ruso para la traducción del armamento militar soviético:

“Mientras hacíamos Educación Física en la beca, llegó Fidel a saludarnos. Como estaba al frente, fui el primero en darle la mano; no sabía qué hacer ni qué decir, la figura del Comandante es tan grande que lo emociona a uno. Nos dijo: Estudien y pórtense bien. Y él, como siempre, muy jaranero y jocoso, continuó: Llevan unos puloversitos muy buenos para el ejercicio, pero ustedes compañeritas –y se dirigió a las muchachas que estaban con nosotros-  tienen que ver cómo hacen la Educación Física. Comprendimos por qué lo decía y todos reímos”

Defender el legado de Fidel es primordial para todo revolucionario y la formación de las nuevas generaciones:

“Fidel nos ha dejado un legado, su vida completa dedicada a trabajar para el pueblo: para el blanco y el negro, para el carpintero, el albañil, el científico; con una visión muy grande. Ese legado hay que transmitirlo a nuestros hijo, nietos y todos los que vengan detrás”

Hombre sencillo, sin mucho lucro y con la enseñanza moral de sus progenitores, Eduardo Ramírez Céspedes se siente feliz por la dicha de haber sido parte de la gesta  revolucionaria cubana.

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