jose-martiEra, sencillamente, el cumpleaños de Martí, y había que celebrarlo. Y así se celebraba, enero tras enero y año tras año, hasta que al fin llegó un enero verdaderamente martiano, el de 1959, que se abrió al almanaque con el triunfo de la Revolución Cubana.

Poco a poco, a partir de entonces, comenzamos a conocer a José Martí en su más amplia dimensión, actualidad y vigencia.

Pequeños aún, supimos que el 26 de Julio de 1953, un grupo de jóvenes valientes asaltó los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo, respectivamente, para que el Apóstol no muriera, precisamente en el Año de su Centenario.

Conocimos que unos meses antes, para esperar el día de su natalicio aquel mismo año, esos mismos jóvenes que con escopetas de cazar pájaros asaltaron los muros de la ignominia y el crimen, protagonizaron la primera marcha de las antorchas, desde la escalinata de la Universidad de La Habana hasta la Fragua Martiana, tal y como la reeditamos anoche.

Quizás pensábamos que las llamas aquellas eran solamente un símbolo de que aún brillaban las ideas del Maestro. Pero después se nos explicó por sus propios participantes que se trataba de portar algo con lo cual enfrentar a la represión de la policía y el ejército, en caso de que esos asesinos osaran impedir el desfile en desagravio al Apóstol.

Tras el fracaso de la gesta encabezada por el joven abogado Fidel Castro Ruz, ferviente martiano, los interrogadores de la tiranía batistiana formularon dos preguntas.

Una se relacionaba con el hallazgo de un libro de Lenin en el apartamento de Abel Santamaría, que sirvió de refugió habanero a los combatientes rebeldes.

Fidel respondió que el libro en cuestión era suyo, y añadió: “quien no lea a Lenin es un ignorante”.

El otro cuestionamiento de los fiscales se relacionaba con el financiamiento y preparación del asalto fallido. Las respuestas también fueron tajantes.

Fidel les dijo, rodeado de bayonetas y fusiles amenazantes, que el dinero fue aportado, centavo a centavo, por los propios jóvenes de la Generación del Centenario, dispuestos a inmolarse antes que soportar seguir siendo esclavos.

Y sobre los planes insurreccionales, expresó sin vacilación alguna: “El Autor Intelectual del Asalto al Cuartel Moncada es José Martí”.

En su alegato de autodefensa “La Historia me Absolverá”, Fidel retoma reiteradamente frases del Maestro para denunciar los crímenes horrendos de la tiranía y explicar los proyectos sociales del grupo que encabezaba, y enfatiza:

“Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir al Apóstol en el Año de su Centenario. ¡Pero vive, no ha muerto…!”

A partir de esa gesta, Martí dejó de estar “cansado de ser piedra/ piedra inmóvil y dura al lado del camino”, como expresó el poeta Jesús Orta Ruiz “El Indio Naborí”, y se convirtió en obra y realidades.

Fidel, con su palabra y obras, nos fue enseñando toda la dimensión humana, ética, política, ideológica, militar, patriótica, americanista, internacionalista y antimperialista de José Martí.

Aún hoy, los detractores y oportunistas pretenden tergiversar las ideas del Apóstol, y hasta falazmente denominaron con su sagrado nombre a una radioemisora y un canal televisivo, mediante los cuales cometen el sacrilegio de mencionar su nombre y cambiar el contenido de sus palabras.

Jamás mencionan al Martí que vivió en el monstruo donde ellos son cobijados y protegidos, y le conoció las entrañas. Olvidan malintencionadamente que el Maestro llamó a Estados Unidos “el Norte revuelto y brutal que nos desprecia”, y exhortó a los pueblos de Nuestra América a unirse como la plata en las raíces de Los Andes, “para que no pase el gigante de las siete leguas”.

Ocultan que en la víspera de su caída en combate escribió literalmente que toda su lucha había sido para “impedir a tiempo, con la Independencia de Cuba, que se extiendan por Las Antillas los Estados Unidos, y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy y haré, es para eso…”

Rescatado del frío mármol y de hipócritas discursos electorales y politiqueros, José Martí nos convoca diariamente para la marcha unida, en la cual solo cabe el descanso con la mochila de almohada.

Sabemos, gracias a Fidel, que Martí profetizó que antes de ser esclavos de nadie, “primero se hundirá la Isla en el mar y nacerá una serpiente de un huevo de águila”. Y que al águila de Walter la denominó podrida. Y que denunció primero que nadie las ansias expansionistas de Estados Unidos, empeñado desde los albores del siglo XIX en apoderarse de las tierras al Sur del Río Bravo, para con ellas en sus garras arremeter contra todo el Planeta.

(Este artículo fue publicado originalmente en Cubahora el 28 de enero del 2008)

Tomado de Cubahora

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