Por Adolfina Portuondo Pérez.

El 9 de abril de 1958, la heroica juventud cubana se levantó, como tantas veces ha hecho a través de la historia, con el objetivo de poner fin a la dictadura de Fulgencio Batista, un grupo de combatientes de la lucha clandestina en el consejo popular Lugareño, correspondiente al municipio Minas, se sumaron y desarrollaron acciones para contribuir con la Huelga General programada para ese día.

Según testimonios ofrecidos por Gelacio Orlando Cordoví  en el antiguo Central Lugareño lugar donde aun reside, se realizaron diversas acciones como el descarrilamiento de locomotoras donde se transportaba la caña para el antiguo central, encaminado a desestabilizar la molienda y ocasionar el paro de la industria azucarera, también se llevaron a cabo funciones de sabotajes como la voladura de tendidos y registros eléctricos.

Aunque no se logró saborear el néctar de manera anticipada de la libertad, la huelga general convocada por el Movimiento 26 de Julio demostró la importancia de la unidad. Sin embargo el fracaso contribuyó a acelerar el triunfo revolucionario cubano ocho meses después, el primero de enero de1959.

Sirvió de experiencia para enrumbar mejor la lucha contra la dictadura batistiana y unificar el mando bajo la conducción de Fidel. En la historia de la Revolución cubana Minas escribió líneas imborrables de heroísmo.

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