Por: Caridad Reyes Reyes.

Contar un cuento es como un milagro. Algo tan inexplicable como respirar. Con el enigmático poder de estremecernos y emocionarnos, sin poder advertir, si fue una corriente de aire o el aleteo de un ángel. El narrador de cuentos regala con su palabra: su piel, su sangre, su risa, su amor a corazón abierto. Y fue exactamente eso lo que experimenté cuando escuché por primera vez a Yurisan Martínez Risco, un pequeño de solo 9 años, con ojos vivaces, que estudia el cuarto grado en la escuela primaria Noel Fernández del Consejo Popular Senado en el municipio Minas. Es un niño sereno y modesto, cualidades que hacen de él un ejemplo admirable cuando muestra su talento. Atrapa al más exigente público en solo segundos. El tono de sus frases, los cambios de voz y expresión corporal, le convierten en un espectáculo plausible. Diane García Membrives, Instructora de Arte, relató a nuestro medio como descubrió las potencialidades de Yurisan: Comenzó el trabajo con él a pedido de una bibliotecaria de la propia escuela, quien ya lo preparaba para un concurso. Luego ella le pidió que actuara como aficionado frente a una visita provincial de cultura, y el metodólogo concurrente insistió en su presentación en el festival provincial de esta manifestación artística. Allí obtuvo el reconocimiento absoluto del público y el jurado. Así son los cuentos de un narrador, como mariposas que se transforman en el aire y solo palpitan con su aliento. El incentivo a niños como Yurisan, garantiza que no se pierdan expresiones de nuestra cultura, tan importantes como esta.

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