Por José Miguel Arredondo Puentes

Minas, 16 jun- “(…) el día que Honduras se viera amenazada por una nación extranjera entonces sí, al frente de una falange de cubanos y dominicanos, volaría a ponerme al lado de los defensores de la bandera nacional que me cobijó en ese país y me dio pan y asilo.”

 Estas fueron palabras expresadas por el Mayor General del Ejercito mambí Máximo Gómez Báez, luego de haber salido de Cuba en tiempo de la tregua fecunda, en una carta dirigida a su amigo José Dolores Pérez en agradecimiento hacia Honduras, otro de los países en los cuales vivió y defendió.

Fue en 1878, a causa del regionalismo y el caudillismo, que las fuerzas cubanas se desintegraron. Poco después fue firmado el pacto del Zanjón. Es entonces cuando el Generalísimo decide salir de Cuba junto a su esposa Bernarda  y sus hijos, convencido, de que resultaba imposible continuar la guerra.

Posteriormente, Gómez se traslada a Costa Rica, donde restableció el contacto con el lugar teniente Antonia Maceo y el apóstol de la Revolución cubana José Marti, cuya labor organizadora para la Guerra Necesaria terminó por conquistarlo.

Su visión política y personalidad de líder posibilitaron el financiamiento y organización de las principales expediciones. Además, prácticamente todos los oficiales de la Guerra Grande, incluidos Martí y Maceo, aceptaban y deseaban a Gómez en la máxima dirección militar de la Revolución.

En 1888 se estableció de nuevo en República Dominicana, su país natal, a donde acudió Martí en marzo de 1895 para firmar con Gómez el histórico Manifiesto Montecristi, donde los líderes dejaban bien definida su ideología de independencia, y de que la guerra no era contra los españoles, sino contra las autoridades coloniales de España en Cuba, con el firme propósito de hacer de la Isla una nación libre e independiente. Cuba sería una “República con todos y para el bien de todos“.

Más de 120 años han pasado desde entonces. Hoy la Revolución cubana exhibe con mucho orgullo su carácter Socialista y soberano, gracias a hombres como Gómez. Su empeño de ver una Cuba libre de opresores que mancharan la dignidad de la patria, es el que hoy nos acompaña.

Mineños y mineñas rendimos hoy justo homenaje al hombre que un día, sin escatimar riesgo alguno, abandono su tierra para defender la nuestra.Su amor irrenunciable por la Cuba que lo acogió en su seno y le impregno pasión y ternura, hizo posible que mediante un manifiesto a la nación cubana escribiera:

Nada se me debe, y me retiro contento y satisfecho de haber hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos. Prometo a los cubanos que, donde quiera que plante mi tienda, siempre podrían contar con un amigo.

Más que su muerte recordaremos siempre su valor y entrega a una causa justa. Máximo Gómez Báez, el Generalísimo, a ti también los agradecidos te acompañan.

 

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