Por Marisol Acosta Pumariega.

Minas, 14 jul.- Apenas desciende la luna y asoma un nuevo amanecer, Nieves baja de la cama para sentarse en su silla de ruedas. Va hacia el baño, enciende la luz y en un acto involuntario se mira al espejo. Piensa con una sonrisa en el rostro, cómo a pesar de su discapacidad, cada mañana se siente feliz.

Inicia su día disfrutando dejar correr el agua entre sus manos luego de la rutina del aseado. Termina y va hacia la cocina, lugar donde pasa la mayor parte del tiempo cuando está en casa. Ya frente al fogón comienza a preparar el desayuno de María y Pedrito, dos criaturas adorables que deben ir al círculo infantil y la escuela.

Con todo su amor los levanta, los ayuda a vestir, les da los alimentos y salen de la casa a sus respectivos centros escolares que solo están a una cuadra de distancia. Cuando termina esa faena, Nieves se dirige a su centro de trabajo que la acoge cada jornada con mucha alegría. Ella es el alma de ese lugar,  lo llena de júbilo con su risa, la ensalzan sus compañeros por los trabajos manuales que realiza, lo mismo borda a mano, teje medias de niños, pullovers, abrigos, manteles, sobrecamas, tapetes de todo tipo, en fin hace maravillas. Entre una puntada y otra se relaja haciendo cuentos y a todo el que se encuentre a su alrededor le cambia la vida.

Nieves mira el reloj y cuando este marca las cuatro, recoge todo su material de trabajo y se dispone a salir en busca de sus dos tesoros, su mayor placer es ver como los niños corren a su encuentro y la llenan de besos y abrazos, cuando le dicen cuanto la quieren. Aun con su escasa edad y su hablar entrecortado María expresa en su tierna carita todo lo que significa Nieves para ella.

Pedrito es más vivaracho, juega, corre, salta, no se está tranquilo, tiene seis añitos y le dice a Nieves que está aprendiendo a leer. Es muy buen estudiante y ella está orgullosa de él, de ver el resultado de su esfuerzo y de las bondades de esta Revolución Cubana.

Cuando caminan despacio en dirección al hogar, Nieves hace girar con sus delicadas manos, esas mismas manos creadoras, las ruedas de la silla y sus pensamientos son interrumpidos a cada momento por el saludo afectuoso de los habitantes de este poblado; ella les responde cariñosa, pero no deja de pensar y preguntarse qué sería de su vida si no se hallara en un país como Cuba, donde  las personas con discapacidad se benefician con la protección monetaria, la ayuda en especies y la prestación de servicios ofrecida por la asistencia social.

Un elemento que favorece el apoyo estatal a estas personas es que por ejemplo este año se otorgó un presupuesto de más dos millones de pesos para la entrega de recursos como colchones, sábanas y demás aditamentos que puedan necesitar.

Las personas como Nieves, se levantan en Cuba cada día, con la certeza de vivir en un país que los tiene en cuenta y que se planifica para darles una vida digna y decorosa. Sus impedimentos físicos no les amilanan, porque tienen los mismos derechos y oportunidades que una persona sana para realizar sus sueños.

Cuando piensa estas cosas, la sonrisa de Nieves se hace más amplia, sus ojos brillan, empuja con más vigor la silla y toma las manos de sus pequeños, que ríen entonces a carcajadas y corren junto a ella una carrera feliz e interminable, la de la vida…

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