Por Caridad Reyes Reyes
Marzo, 2021.- En un contexto  internacional signado por una pandemia sin precedentes que obliga a los seres humanos a respetar el aislamiento físico y estrictas medidas higiénico sanitarias para prevenir contagios, llegó este nuevo Día Mundial del Síndrome de Down.

Transcurrió  domingo el 21 de marzo pasado y como desde 2012, por un decreto establecido en las Naciones Unidas, la efeméride en Cuba mantiene entre sus principales objetivos, crear conciencia dentro de la sociedad, del valor que tienen estas personas, a pesar de su discapacidad; reivindicar sus aportes, derechos e independencia para la toma de sus propias decisiones y crecimiento personal.

Celebrar la vida, la diversidad, el respeto, la tolerancia y la aceptación, no necesita esperar un día específico del calendario. Nuestro país, bloqueado injustamente hace más de seis décadas por el imperio yanqui,  tiene basta experiencia  en ello. Un ejemplo elocuente es el de Rogelio Pousa Ramírez, o Kiki como lo conoce toda la comunidad del Consejo Popular de Senado del municipio de Minas en la provincia de Camagüey, donde vive.

Con 59 años cumplidos a este singular habitante del terruño se le ve saludable y plácido. Su hermana Oneida Pousa Ramírez, ya jubilada, lo cuida hace 20 años, desde que su mamá falleció. Ella nos cuenta que Kiki es como su niño pequeño, gracias a las bondades de nuestro estado socialista, lo alimenta de forma adecuada y cuando no quiere comer lo mima dándole leche en un biberón.

“Kiki ha sido muy feliz – asegura Oneida -aquí en Senado todos lo conocen y lo quieren mucho. Hace algunos años atrás lo llevábamos al parque, la playa y el campismo, disfrutaba jugar y relacionarse al aire libre. Es lindo ver como las personas en nuestra isla acogen, suman y apoyan a quienes nacen con esta condición. Ahora Kiki se siente mejor en casa, descansando la mayor parte del tiempo. Tenemos que cuidarlo mucho de la COVID-19, no lo sacamos a la calle ni recibimos visitas innecesarias. Padece de Diabétis e insuficiencia venosa y tiene garantizados sus medicamentos. Recientemente le aprobaron una cuidadora para ayudarme porque yo ya no puedo levantarlo sola”

Ariadna Saldivar Otamendi, de 28 años, vecina de Kiki y Oneida, es su nuevo Lazarillo. Confiesa haber comenzado a hacer esta labor de forma voluntaria  ya que la hace sentirse útil y le provoca una dulzura indescriptible. Ahora también ella es beneficiada pues no tenía vínculo laboral ni entrada económica y Kiki alegra sus jornadas.

Dar el merecido lugar y atención a todos los niños, niñas, jóvenes y adultos con síndrome de Down, nos permite a los cubanos alcanzar una felicidad plena en el sistema social que construimos y perfeccionamos, sin dudas, uno de los más justos del mundo.