Por Roberto Estevez Chantada
Mayo, 2021.- Cada segundo domingo de mayo de celebra en Cuba el Día  de las Madres, pero una sola jornada no alcanza para retribuirles todo el amor, el cariño y la dedicación que nos profesan.

Y es que el amor no se puede medir en tiempo,  no basta una fecha para agradecerles el simple hecho de entregar su vida por la sus hijos en caso de ser necesario.

La ternura de una madre es infinita, no tiene límite de edad, ante sus ojos siempre seremos aquel frágil  bebé  que vio crecer en su vientre durante nueve meses y al que ha dedicado toda su fuerza  y comprensión.

Y aunque  a veces no sabemos reconocer lo que hacen por nosotros,  su apoyo siempre será incondicional,  en cada momento nos brindan sus manos en señal de ayuda, sus brazos extendidos para abrazarnos fuerte y darnos aliento.

A la mía  la llamo mami, como un niño que aunque crezca y se aparte de su lado, la tiene siempre presente en sus pensamientos en busca de consejos y experiencia.

Mi mami siempre ha estado junto a mí,  en los momentos más difíciles de vida se aferrado fuerte a mis manos y no le ha soltado jamás; para mí  es mi fuerza,  uno de los pilares que me sostiene y motiva a ser cada día  mejor.

Tengo muchas figuras maternas en mi vida,
ellas me han educado y me han convertido en la persona que soy hoy:  mi tía,  mis abuelas, esas mujeres maravillosas que me inculcaron el amor por la profesión que hoy desempeño, la persona que me trajo al mundo por segunda vez, todas madres, parte de mi familia.

Quizás hoy no pueda pasar el día  a su lado, pero para mí el día  de las madres es una construcción social porque todos los días tenemos que agradecerles por su esmero y lealtad, por su pasión y compromiso.

Para todas ellas, hoy  envío un ramo de rosas, un fuerte abrazo a la distancia y un beso  cargado con el amor que merecen, el mundo gira entorno a ustedes y todo el universo se reduce al calidez de su regazo.