Por Adolfina Portuondo Pérez
Mayo, 2021.- En el día de las madres unos ríen por la alegría de tenerla y otros sienten el dolor por su pérdida irreparable porque cuando una madre a partido un mal día, el recuerdo con los puntos comunes que nos unieron a ella se hace inevitable .

En la casa se nota el vacío, las paredes y el techo se te vienen encima. Del pensamiento no se borran los momentos que vivieron juntas desde la infancia hasta el último minuto en que te dijo adiós.

Los recuerdos agolpan la mente sobre todo los años de estudios cuando al regreso en cada pase siempre habían helados y dulces guardados, hechos por sus propias manos, para su beba.

Ahora ya no hay más cremas de leche, ni vizcondes, ni refrescos de cerezas donde derramaba su talento en el arte de la repostería.

Camino  hasta su cuarto la cama esta vacía, tendida con el cubrecamas de flores azules y blancas que  tanto le gustaba, en el que incontables veces durmieron juntas.

Ya no  están  sobre la alfombra sus chancletas rosadas, tampoco se cuente la risa de las más viejas del barrio que juntas se sentaban en el columpio del patio para realizar las tertulias de cada atardecer.

Te estremece la nostalgia y el dolor al abrir el closer y ver sus ropas colgadas entonces del corazón estallan los mas profundos sentimientos, siento la necesidad de tenerla cerca, de darle un beso, conversar con  ella, escuchas sus consejos, poder  celebrar su cumpleaños aunque el dolor se intensifique, si por cuestiones de la vida nacieron en igual fecha pero por lógica de diferentes años

En cada a  aniversario nunca les faltaba  un cake, ni las empanadillas, y otras golosinas que se elaboran para estas fiestas, aunque yo fuera la peor elaboradora, siempre resulte elogiada con cuatro palabras, gracias, todo,  estaba, delicioso
Es cierto que un día tenia que partir aunque no nos conformamos pero me queda todo lo bueno que hice por verla feliz.